“Dizzy Gillespie for President”

Con tanto run, run político que sufrimos últimamente y con escasas expectativas que seduzcan, me ha venido a la memoria la broma que gastó Dizzy Gillespie en las elecciones para la presidencia de los Estados Unidos entre 1963 y 1964, en la que por todo el morro y haciendo gala del buen humor que le caracterizaba, se postuló como candidato a la presidencia.

Su campaña comenzó con unas chapitas impresas con el lema “Dizzy Gillespie for President” y las ganancias derivadas de la venta de esos pins, fueron destinadas al Congreso de Igualdad Racial (CORE) y otras organizaciones de derechos civiles. El eje central de la campaña, eran los derechos civiles, la retirada de las tropas de Vietnam y el reconocimiento de la China comunista.

La banda de Dizzy Gillespie tocó en el Monterey Jazz Festival de 1963, la actuación fue grabada y se editó un álbum titulado Dizzy for President. En el disco se incluyó una versión de su tema “Salt Peanuts”, renombrándola como “Vote Dizzy”, y la letra llevaba el mensaje siguiente:

“¡Tu política debería ser algo más groove
Vote Dizzy! Vote Dizzy!
¡Consigue un buen presidente que esté dispuesto a columpiarse
votar a Dizzy! Vote Dizzy! “

En su autobiografía, Dizzy comenta que su intención era que “las ganancias de la venta de los pins fueran para CORE, SCLC (Southern Christian Leadership Conference) y el Dr. Martin Luther King, Jr., y además, amenazar a los Demócratas con una pérdida de votos y llevarlos a una posición más razonable sobre los derechos civiles”.

Al final, el presidente elegido fue el demócrata Lyndon Johnson, frente a su contrincante republicano Barry Goldwater. La propuesta de Gillespie no salió adelante y los los Estados Unidos, perdieron la oportunidad de elegir a un presidente que prometió cambiar el nombre de la Casa Blanca a “The Blues House” y tener a éste elenco en su grupo de gobierno: Duke Ellington como Secretario de Estado; Miles Davis como Director de la CIA (idea genial jajajá); Max Roach como Secretario de Defensa; Malcolm X como Fiscal General; Charles Mingus como Secretario de Paz; Ray Charles como Bibliotecario del Congreso; Louis Armstrong como Secretario de Agricultura; Mary Lou Williams como embajadora en el Vaticano, y Thelonious Monk, sería el embajador itinerante.

No me digáis que no tenía su puntito ¿eh?. Es genial, ni el mismísimo Maquiavelo hubiera diseñado un gobierno más eficaz…;)

Éste fue el tema principal de la campaña: Vote Dizzy (Salt Peanuts)

Y “No More Blues”, también incluido en su famosa actuación y disco “Dizzy for President”.

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If You Could See Me Now

Continuamos con el repaso de los 250 temas “imprescindibles” para una Jazz Session, y en ésta ocasión el tema a escuchar es la magnífica balada “If You Could See Me Now“, compuesta por Tadd Dameron y letra de Carl Sigman.

Dameron la compuso en 1946 con la idea de que la interpretara Sarah Vaughan y así lo consiguió en la primera grabación del tema. Posteriormente artistas de peso como Bill Evans, Chet Baker, Wes Montgomery, etc., realizaron versiones propias de If You Could See Me Now, que han quedado en la memoria sonora del jazz, de un tema que suena a club de jazz lleno de humo.

Comenzamos el repaso con la original, la interpretada por Sarah Vaughan en 1946.

Seguimos con la versión de Chet Baker, convertida en un clásico.

El característico sonido del tenor de Dexter Gordon recrea una nueva visión de If You Could See Me Now.

Jaco Pastorius junto a Brian Melvin también se atrevió a realizar la versión del tema de Dameron.

Y para terminar, ésta estupenda versión de Wes Montgomery junto al Wynton Kelly trío. Todo un lujo.

I Want to Be Happy

Vincent Youmans y Irving Caesar (dcha.) compositores de música y letra.

Continuamos repasando los “imprescindibles” para una buena Jam, en esta ocasión el tema es I Want to Be Happy. La canción es de las que se te quedan pegadas al cerebro como un chicle al zapato y no hay manera de quitártela de la cabeza. Red Nichols con su versión de 1930, llegó a situarla entre los veinte primeros de las listas en pleno auge del swing. Posteriormente Glenn Miller, también realizó su versión de “I Want to Be Happy”, dando como resultado un swing bailable a tono con los gustos de la época, siendo la canción de cara “B” ni más ni menos que de “In the Mood”.

Más tarde, poco a poco, “I Want to Be Happy” fue calando en los repertorios jazzísticos gracias a la ductilidad de su armonía, que permite una improvisación con multitud de enfoques y de ahí surgieron versiones como las de Jo Jones, Stan Getz, Roy Eldridge o Lester Young.

Como curiosidad, comentar que Irving Caesar el autor de la letra, tenía cierta tendencia a escribir letras que hablaran sobre la felicidad: “Sometimes I’m Happy”, “Help Yourself to Happiness”, “I’m Healthy ’Cause I’m Happy” y otra titulada simplemente “Happy” y que ése ánimo vital quizá influyese en su longeva vida, murió con ciento y un años, habrá que tomar nota…

Glenn Miller y su orquesta, firmó ésta magnífica versión al más puro estilo swing en 1939.

Ahora, son Nat King Cole, Stan Getz y Roy Eldridge quienes nos ofrecen su energética versión.

Lester Young junto a Buddy Rich en la batería y de nuevo Nat King Cole al piano, también grabaron esta estupenda versión con el sello inconfundible del tenor de Lester Young.

Una mirada más moderna, es la que nos propone el saxo tenor Al Cohn en su versión.

Y por último, una curiosidad, la versión de I want to be happy de parte de la Sant Andreu Jazz Band.

José Antonio Abreu, un icono musical mundial

José Antonio Abreu, economista, músico, compositor, político y docente.

El domingo pasado nos dejó Jose Antonio Abreu, un visionario que desde prácticamente la nada ha a portado a su país Venezuela, un “Sistema” de educación musical para los más marginados que desde el verano de 1975, donde comenzó su aventura en un local de Caracas donde fundó la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil, ha generado 300 conservatorios de música donde han recibido clase casi dos millones de chavales y jóvenes, la mayoría pertenecientes a las capas sociales más desfavorecidas y marginadas de su país.

Denominado “El Sistema” consiste en un método de educación juvenil innovador en el que la música es la principal vía para el mejoramiento social e intelectual. Desde Venezuela el germen dio el salto a otros países de Latinoamérica, Estados Unidos, Europa y Asia, desgraciadamente todavía no ha llegado a nuestro país, que tiene un impermeable congénito en nuestra capa política que hace imposible que cualquier innovación educativa arraigue, y más, si proviene de una disciplina tan ninguneada en nuestro sistema educativo como es la música.

José Antonio Abreu, tuvo claro desde el principio la gran capacidad de transmitir valores, además de facilitar la inclusión y la cohesión social que tiene el aprendizaje musical. Asímismo, en el caso de estos niños desfavorecidos económica y socialmente les proporcionó la identidad y dignidad necesarias para sentirse “alguien” dentro de una sociedad que hasta el momento solo los había, como mínimo, ignorado.

De ésta ingente obra han surgido figuras musicales del más alto nivel, quizá la más destacada sea la de Gustavo Dudamel, pero no hay que olvidar a Diego Matheus, Christian Vásquez o el joven Jesús Parra con apenas 23 años.

Ahora, tras la tremenda crisis que sufre Venezuela se abre la incógnita de saber si el Sistema será capaz de soportar, ya no solo la falta de recursos, sino el daño que le puede ocasionar también la fuga de talentos al extranjero.

De cualquier manera el legado de José Antonio Abreu, es tan enorme que difícilmente podrá desaparecer, lo garantizan cuarenta años de trabajo, tres generaciones de estudiantes y un prestigio avalado por infinidad de premios y honores recibidos.

Que la música le acompañe y seguro que si hay un “más allá”, ya habrá abierto lista de admisión para sus clases de música.

Jose Antonio AbreuEl Sistema

Gustavo Dudamel y la Orquesta Sinfonica Simon Bolívar Mambo interpretan Mambo de Leonard Berstein.

Los Conciertos de la 2 – Homenaje a Jose Antonio Abreu